Se dice que una vez visitada Irlanda nunca se olvida y Dublín es además un claro exponente del fuerte desarrollo económico del país los últimos años.
Lleno de color, bellos edificios y castillos; el Trinity College o el laberinto de calles del Temple Bar se nos presentan como visitas obligadas, y cómo no, disfrutar de una buena Guiness en sobremesa con la gente local en cualquiera de sus acogedores pubs. Dublín también es un excelente punto de partida para un viaje de cata de whiskys o de pesca de salmón.
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