Se trata de una de las perlas mejor escondidas en la selva del sudeste asiático, accesible por carretera desde la capital de Camboya Phnom Pehn (varias horas de camino), por avión aterrizando en su moderno aeropuerto Siem Reap o por vía marítima por el río Mekong desde el sur de Vietnam.
De una forma u otra, el enorme conjunto de templos que conforman Angkor es mágico, sobre todo a primera hora de la mañana cuando se puede ver desfilar a los monjes budistas que lo cuidan. Sólo a unos 100 km de lo que fuera la residencia del líder Kmer Pol Pot, se sitúa éste complejo de templos cuyos árboles parecieran digerirlo con el tiempo. Su legado tanto hinduista como budista lo hacen único en el mundo y merece la pena visitarlo antes de que llegue el turismo masificado, pues inevitablemente irá perdiendo su encanto.
Hay que reservarse por lo menos 2-3 días para verlo todo, si bien uno podría estar allí un mes entero.
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